sábado, 9 de abril de 2011

Menos libertad, más telebasura

Lo dijo Otto von Bismarck: “la libertad es un lujo que no todos pueden permitirse”. Y eso precisamente ha ocurrido con el cierre de la cadena de noticias 24 horas CNN+ por parte del Grupo Prisa, que no se la pueden permitir.

El canal es deficitario desde el primer momento que empezó a emitir. Sin ir más lejos, en los tres últimos años ha perdido alrededor de 40 millones de euros. Por tanto, la decisión de los directivos, aunque no se comparta, puede entenderse. La pela es la pela, como dirían los catalanes.

Lo criticable del asunto, es la sustitución de un espacio de libertad de expresión que contribuye a la formación de ciudadanos y no de borregos por un espacio dedicado exclusivamente al entretenimiento más vulgar: Gran Hermano 24 horas. Telecirco cumple así uno de los deseos largamente expresados por la presentadora Mercedes Milá, tener un canal propio del concurso emitiendo todo el día.

Con esto, la cadena de Vasile ha perdido la oportunidad de llevar algo de decencia a su puticlub televisivo. Puticlub, donde se prostituye de manera reiterada la decencia, el buen gusto y la profesión periodística. Los ciudadanos no perdemos por el cierre de CNN+, perdemos por el aumento de la telemierda. Jerónimo Gómez Escamilla.


miércoles, 6 de abril de 2011

El chico de los recados

Los jóvenes de hoy en día deben afrontar su entrada al mercado laboral en un contexto difícil. Y si esos jóvenes encima son estudiantes o licenciados en periodismo, lo tienen crudo. Se empieza de becario, se sigue de becario y, con el paso del tiempo y suerte, se consigue entrar en la plantilla de algún medio. ¿Estabilidad? No. A rezar para que no llegue otro becario (más joven) con ganas de dejarse explotar y te quite el puesto.

Un ejemplo así lo tenemos en la cadena pública de la Comunidad Valenciana Radiotelevisió Valenciana (RTVV), que llegó a servirse de becarios (que no cotizan) para presentar sus informativos. Pero no son los únicos.

El Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM) ya solicitó al Gobierno que la Inspección de Trabajo tomase cartas en el asunto para impedir estos abusos. En el mismo sentido ha actuado la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Esta organización ha instado a los medios a que cumplan la legislación y controlen las condiciones en que los futuros periodistas se forman en sus compañías.

Pero no solo las empresas son las únicas culpables. La universidad también tiene parte de responsabilidad, ya que es ella la que oferta en los planes de estudios asignaturas de prácticas para el último curso. Adquiere por tanto las obligaciónes de controlar las circunstancias en las que sus alumnos desarrollan lo aprendido y de vigilar que los convenios se cumplan.

Atribuir una mayor responsabilidad no puede ser la excusa para delegar competencias impropias del interno. Lo contrario es, de facto, funcionar como “chico de los recados”. Jerónimo Gómez Escamilla.


El precio de la información

Cada vez se lee menos prensa en papel. Estamos en la era digital y los formatos en los que se consume la información evolucionan. Los lectores del futuro son los jóvenes (universitarios fundamentalmente) de ahora. Tienen móviles con acceso a Internet y en las facultades ya es normal el uso del ordenador portátil para tomar apuntes. Esta generación es  la que están descuidando los medios escritos.

Los estudios que la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) está realizando al respecto son esclarecedores: de entre casi 40.000 entrevistados, el 32,1% ha reconocido que solo consulta prensa a través de la Red, frente al  7,3% que afirma hacerlo únicamente en papel. En dos años, ha bajado más de seis puntos el porcentaje de estos últimos.

En esta tesitura, algunas grandes empresas mediáticas vieron un filón por explotar y resolvieron poner su contenido virtual de pago. Duró poco. En 2002, El País fue el primer diario español que decidió cobrar el acceso a cualquiera de sus secciones a través de la Web. En 2005, su contenido volvió a ser gratuito y de libre acceso.

Ahora, The New York Times establece la entrada a su edición digital de forma gratuita discriminadamente: solo pagarán los lectores habituales. Es un error. A pesar de que el sistema sea económicamente viable, no podrán evitar perder seguidores. Éstos, pueden encontrar la misma noticia a través del propio canal (la Red) y sin gastarse un duro.

Donde fracasaron las grandes empresas discográficas y la industria del cine, fracasarán los medios de comunicación. Ya rectificaron una vez. Volverán a hacerlo. Jerónimo Gómez Escamilla.