Los jóvenes de hoy en día deben afrontar su entrada al mercado laboral en un contexto difícil. Y si esos jóvenes encima son estudiantes o licenciados en periodismo, lo tienen crudo. Se empieza de becario, se sigue de becario y, con el paso del tiempo y suerte, se consigue entrar en la plantilla de algún medio. ¿Estabilidad? No. A rezar para que no llegue otro becario (más joven) con ganas de dejarse explotar y te quite el puesto.
Un ejemplo así lo tenemos en la cadena pública de la Comunidad Valenciana Radiotelevisió Valenciana (RTVV), que llegó a servirse de becarios (que no cotizan) para presentar sus informativos. Pero no son los únicos.
El Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM) ya solicitó al Gobierno que la Inspección de Trabajo tomase cartas en el asunto para impedir estos abusos. En el mismo sentido ha actuado la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Esta organización ha instado a los medios a que cumplan la legislación y controlen las condiciones en que los futuros periodistas se forman en sus compañías.
Pero no solo las empresas son las únicas culpables. La universidad también tiene parte de responsabilidad, ya que es ella la que oferta en los planes de estudios asignaturas de prácticas para el último curso. Adquiere por tanto las obligaciónes de controlar las circunstancias en las que sus alumnos desarrollan lo aprendido y de vigilar que los convenios se cumplan.
Atribuir una mayor responsabilidad no puede ser la excusa para delegar competencias impropias del interno. Lo contrario es, de facto, funcionar como “chico de los recados”. Jerónimo Gómez Escamilla.

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