Desde hace tres semanas, los medios de comunicación destacan en sus informativos el terremoto y posterior tsunami que asoló la costa meridional de Japón. Y lo compaginan con las noticias que van llegando de la guerra en Libia y los alzamientos en Oriente Próximo. La actualidad internacional está dominada por las catástrofes y la violencia. En este contexto, cabe preguntarse de qué modo se está manejando esa información.
La adopción de una actitud morbosa resulta muy seductora a la hora de abordar dichos temas, pero el periodista ha de mantenerse firme y no banalizar los hechos con escenas macabras que solo estimulan la pulsión escópica del espectador.
En la televisión, las imágenes ayudan a contextualizar y explicar de forma más directa lo que ha ocurrido. Pero cuando se insiste en mostrar el lado más cruel del suceso y sistemáticamente se graba a los heridos, cadáveres e incluso asesinatos; se abandona la información rigurosa para entrar en el terreno de la manipulación. Porque, obviar otras referencias que tiendan a explicar lo acontecido y mostrar tan solo el sufrimiento, máxime cuando éste no aporta datos nuevos, también es faltar a la verdad.
Sería conveniente seguir las recomendaciones que hace el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) sobre este aspecto en concreto. Más allá de las críticas que se puedan verter sobre él (que las hay y muchas), acierta cuando propone que los medios deben prescindir de la información superflua que no aporte valor informativo. Y, definitivamente, la imagen de un coche arrastrado por el tsunami en cuyo interior van personas que posteriormente mueren ahogadas, no lo aporta. Jerónimo Gómez Escamilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario